Director: Cesar Lévano | Lima, Domingo 02 de marzo del 2014 - AÑO: VIII - Edición: 03259


Publicado: Lunes 02 de setiembre del 2013 | Actualidad | Imprimir | Compartir | 551 Lecturas

Ancianos del Albergue Canevaro llevan una vida intensa, con alegría y buena atención.

Recordar y amar es vivir

Recordar y amar es vivir


Dice el conocido refrán que “recordar es volver a vivir”. Es lo que sucede con decenas de los residentes del Albergue Central Ignacia Rodulfo viuda de Canevaro del Rímac de la Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana (SBLM), donde pasan sus días con bailes, juegos, paseos y en total libertad, la mayoría de los 330 adultos mayores, mientras 226 que sufren de patologías mentales que van desde el Alzheimer hasta la esquizofrenia, viven alejados de la realidad.

Con mucho cariño

Judith Lovera, coordinadora de los equipos de salud, asegura que parte del personal atiende a los albergados las 24 horas. “Convivimos con ellos como una autentica familia y tratamos de darles mucho cariño, lo que es importante para su salud física, emocional y mental.”

Cada personaje de este hogar geriátrico es una historia, algunas comunes y otras extrañas, sin embargo prefieren no referirse a la cercanía del fin de sus vidas, porque pese a sus edades prefieren disfrutar intensamente sus años otoñales.

En el ambiente que los acogió y que acaba de cumplir 31 años, vibra la armonía, el cariño, las risas y también, como en las novelas, el dolor, la pena por los familiares ausentes y la añoranza por el recuerdo de tiempos mejores.

“Esto no es un asilo, ni albergue, ni hay ancianos, es una residencia para adultos mayores. Los conceptos en ese sentido han cambiado mucho y hasta las denominaciones tienen que ver con el bienestar de las personas”, expresa la abogada con master por una universidad española en Gerontología Social Rocío Cutipé, directora de la institución.

COMO UNA FAMILIA
La especialista expresa que con el aumento de la esperanza de vida, es creciente la demanda de atención de los adultos mayores y la preocupación por los que viven en extrema pobreza o en soledad y por aquellos cuyos familiares no quieren ocuparse de ellos.

“Solo en Lima metropolitana hay 900 mil adultos mayores. En este hogar hay un porcentaje bajo de jubilados que aportan algo de su pensión pero la mayoría son gratuitos o que llegan del Programa Vida Digna, tenemos una larga lista de espera”, explica.

Señala que los 177 trabajadores del Canevaro, entre los que se encuentran médicos, enfermeras, nutricionistas, terapistas físicos, técnicos de enfermería, cocineros y los que se ocupan de la lavandería, existe el compromiso de sentir a los albergados como familia, “porque eso somos”.

Uno de los personajes más llamativos del hogar es Carmen Olivencia Sanchez, con 106 años a cuestas y una gran lucidez, a diferencia de otras cuatro centenarias que perdieron sus facultades mentales.

Aunque tiene problemas auditivos, recuerda que vivió en la calle Afligidos del centro de Lima, que era una experta taquígrafa que escribía con ese método ochenta palabras por minuto y que trabajó como ayudante de contabilidad en la antigua farmacia El Inca del jirón De la Unión y que no se casó porque sus pretendientes no tenían empleo fijo.

Con casi 15 años en el Canevaro, la encontramos en su silla de ruedas, cuando muy entusiasmada se preparaba para jugar al bingo.

“También me gusta el Taller de Manualidades porque aprendo a hacer ositos y muñecos. Para mi cutis uso crema Ponds y siempre estoy con gafas y sombrero para proteger mis ojos y que no se dañe mi cabello. No me agrada estar en mi cuarto mucho tiempo, me encanta conversar con las amigas. En las noches escucho noticias, también me gustan las canciones de María Callas y del tenor Juan Diego Flores”, dice.



OPTIMISMO
En la sala de música, donde se realizan sesiones de canto y baile, está instalado un equipo de karaoke. Una de las más activas en esta afición es Isabel Wiese, de 75 años, quien canta en inglés, francés, portugués y castellano, temas de astros como Frank Sinatra, Edith Piaff y Roberto Carlos; y el vals criollo “Mi Perú”.

“Fui hija única, estudié en el colegio Villa María, tuve un novio que falleció en un accidente y pese a que tuve y tengo admiradores nunca me quise comprometer porque para mí solamente una vez se ama en la vida. Un tío se quedó con mi propiedad y tuve que refugiarme acá donde vivo feliz y tranquila desde hace 15 años, hago ejercicios todos los días, participo en sesiones de tai chi, ayudo en lo que puedo a mis compañeros, soy la presidenta de las Hijas de María del Canevaro. Para mí, la vejez llega cuando te levantas sin metas y te acuestas sin esperanzas, lo que no sucede conmigo”.

En otro ambiente de gran jolgorio otro grupo participa en diversos entretenimientos. Ahí encontramos a Rosa Reyes Rosales de 91 años quien juega con gran agilidad ping pong. “Soy la de las tres erres. No tengo familia aunque dicen que mi papá fue tremendo y tuvo varios hijos, soy huérfana desde el año de nacida, tuve una madrina del hospicio de Los Naranjos, viví interna en diferentes lugares hasta que llegué a este lugar, donde vivo feliz, tengo todo, pertenezco a la peña Canevaro, cantamos canciones criollas y también boleros”, cuenta.

A un costado está el matrimonio conformado por Roberto Benavides de 82 años y Jesús Vela de 91 (ella en silla de ruedas). “Somos arequipeños, llevamos 55 años casados, siempre felices porque nos hemos comprendido bien. No tenemos hijos, ella tuvo tres pérdidas, Dios así lo dispuso. Mi familia nunca viene a visitarnos pero qué importa”, dice Roberto.

AMOR POR SIEMPRE
A su lado, Luis Espino, de 72 años y Lisbeth Abundo de 69 años se prodigan caricias. “Llevamos 48 años juntos, ella es la mujer de mi vida, nunca he querido así, jamás le he faltado el respeto ni he tenido nada con ninguna otra mujer”, asegura.

En otra mesa el acobambino (Huancavelica) Alfredo Tutaya, de 89 años, padre de tres hijos a los que no ve, puntualiza: “Soy jubilado y llegue acá buscando seguridad personal, la que encontré”.

El amor de pareja es otro ingrediente importante del referido albergue. Los años no apagaron en muchos de ellos la llama del amor. Enrique Alexander de 81 años, con tres hijos que viven en el extranjero, confiesa que vive enamorado de Dorita Vallejos de 91.

“Somos pareja, me gustó de ella su manera de ser, su tranquilidad, al principio le enviaba besos volados, hasta que un día la besé en el ascensor, ella aceptó y eso me hace feliz.”


Denis Merino
Redacción

 

Notas relacionadas

- El Estado incumple con discapacitados (313 lecturas)
- Recordando al ser querido (304 lecturas)
- Foro sobre violencia política (255 lecturas)
- Poder Judicial está en deuda con Lima (201 lecturas)
- Lanzan campaña “Alrededor de Iberoamérica 2013” (448 lecturas)
- Extraño el calor de mi madre (486 lecturas)
- Psicólogos piden que Minsa atienda casos (307 lecturas)


Tags: canevaro, mayores, adultos, familia, albergue, prefieren, expresa, sesiones, mayoria, roberto,

Más noticias de Actualidad
 
  • Encuentro por la Memoria en Lima »

    Este 28 de agosto la Municipalidad de Lima realizará el “Encuentro por la Memoria”, con la finalidad de recordar a las víctimas de la violencia política que por...


Comparta esta noticia


 

Comentarios


El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player